José Luis Trullo (Barcelona, 1967). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Estudios de Doctorado en Filología Románica. Escritor, traductor, editor e investigador privado. Padre de Carmen.




LIBROS

-Sobre humanismo






- Sobre aforismo



- Creación



Remiúrgica (con Juan Manuel Uría)


Nunca se sabe (con Felix Trull)







- Antologías














TEXTOS






























Bonhomía: una virtud a rescatar








AFORISMO


-Teoría y crítica:







-Creación:
















Dar a luz. Aforismos sobre la mirada
























RESEÑAS A MIS LIBROS

Una lengua parca (Javier García Gibert)


Un monstruo incomprensible (Andrés Rodríguez)

Un monstruo incomprensible (Juan Manuel Uría)

Un monstruo incomprensible (José Luis García Martín)



Un monstruo incomprensible (José Luis Morante)

La estirpe de Sócrates (Enrique García-Máiquez)

La estirpe de Sócrates (Andrés Rodríguez)


Meandros. En torno a Heráclito (Demetrio Fernández Muñoz)

Remiúrgica (Elena Marqués)



Y de pronto, amanece (Florencio Luque)

La lección de Pulgarcito (José Luis Morante)

Líneas de flotación (Sergio García)


Líneas de flotación (Hiram Barrios)

Líneas de flotación (José Luis Morante)

Metas volantes (Juan Manuel Uría)



ENTREVISTAS


-Concedidas:

Entrevista en ABC

Entrevista en Turia

Entrevista en Ritmo

Entrevista en Humanistas

Entrevista en Culturamas

Entrevista en Puentes de Papel

Entrevista en 142

Entrevista en La Estantería (min. 9,43)


-Realizadas:

Entrevista a Jesús Montiel

Entrevista a Alfonso Lombana

Entrevista a Gonçal Mayos

Entrevista a Victoria Cirlot

Entrevista a Armando Pego

Entrevista a Luis Frayle Delgado

Entrevista a Javier García Gibert

Entrevista a Jesús Cotta


>>>ARTÍCULOS EN PRENSA ESCRITA (S. XX)


VÍDEOS Y AUDIOS


Conferencia sobre Petrarca en Sevilla

Conferencia sobre la lírica arcaica griega en Sevilla

Presentación en Jerez de Un monstruo incomprensible 

Presentación en La Carbonería de Lo entenderás más tarde 

Sócrates para jóvenes (IES Juan de Mairena, de Sevilla)

Sócrates para jóvenes (IES Velázquez, de Sevilla)

Inauguración del III Congreso Nacional de Humanistas (Facultad de Filosofía, US)

Los clásicos y el valor de lo común (Biblioteca Pública de Sevilla)

Cronología crítica del aforismo español (Universidad de Sevilla, 2024), min. 67 y ss.

La cultura del parricidio. La modernidad contra la tradición (Congreso Nacional de Humanistas, 2023)

Presentación de Jacinto Choza en Casa del Libro de Sevilla (2022)

Presentación de la lectura de aforismos en la Feria del Libro (2021)

Aforismos sobre el viaje (Feria del Libro de Sevilla, 2019)

A propósito del aforismo, con motivo de la Semana del Aforismo de Sevilla (2019)


FOTOGRAFÍA


Galería en Flickr




  

Un retorno al ser humano

 




Juan Manuel Uría, La danza de la oscuridad (Ankoku butoh). Trea, Gijón, 2026.
 
Tras confirmarse, con La ciencia de lo inútil, Infancia es lugar y Apología del margen como uno de los aforistas más prometedores de la última década, Juan Manuel Uría (Errenteria, 1976) se consolida con La danza de la oscuridad como la gran esperanza blanca de la brevedad contemporánea. Mientras no pocos autores se han entregado a una reiteración algo triste de sus propias fórmulas de éxito, apostando por un aforismo supuestamente ‘transparente’ que a duras penas logra ocultar su propia inanidad, Uría persevera en su intrépida expedición por tierras ignotas, palpando los límites del género en búsqueda de nuevas tierras por explorar.

Erraría quien crea que estoy defendiendo la novedad como un valor por sí mismo. Nada de eso. Pero, sin esa dimensión heurística, de desvelamiento de lo real a través de un lenguaje que se niega a mirarse el ombligo, el aforismo degenera en una triste sombra de lo que debe ser: una llave maestra, una ganzúa incluso, y en cualquier caso, una linterna en la oscuridad del absurdo. Y eso es lo que es este libro mayúsculo, con el cual Uría no solo da un paso de gigante en su propia singladura poético-filosófica, sino que contribuye a demostrar, de manera irrefutable, que el aforismo es un instrumento lírico-conceptual de primera magnitud: de hecho, ya lo fue en otros tiempos, como he tratado de demostrar en las antologías Un monstruo incomprensible. Retablo de moralistas franceses (Renacimiento, 2025) y Una lengua parca. Sentencias de la Grecia antigua (Libros del Innombrable, 2026).

Hay que advertir que La danza de la oscuridad es más, muchísimo más de lo que suele esperar un lector convencional de aforismos, pervertido por tantos libros anodinos que si no van a ninguna parte es porque no vienen realmente de ningún sitio. Por lo pronto, no se trata de un conjunto de frases felices inconexas, volcadas sin orden ni concierto en un volumen heteróclito: todo lo contrario, nos encontramos ante un auténtico ‘tratado en aforismos’, una indagación de hondo calado acerca de nada menos que ‘lo humano’.

En efecto, ubicándonos en una perspectiva humanista, en sentido amplio (no en vano, el autor cursó estudios de antropología cultural), percibiremos en todas y cada una de las piezas de esta magno puzzle texual una verdadera indagación, sí, metafísica, pues a lo que apunta la mirilla del aforista es a percibir lo que subyace a todo aquello que erróneamente damos por supuesto, tratando de auscultar lo latente en aquello que nos sostiene, sin lo cual no pasaríamos de ser un organismo vivo más, simios de espaldas al sentido, mera materia que nace, crece, no siempre se reproduce y muere fatalmente.
No me invento nada, ni le impongo al libro hormas ajenas; el propio autor lo deja claro: su intención es acometer “un regreso al ser humano, a su raíz” (49) para “rescatar de las ruinas algo de humanidad”. ¡Qué noble aspiración! En un mundo arrasado por la barbarie antihumanista de doble signo (la que quiere devolvernos a los árboles y la que aspira a reducirnos a un amasijo de datos alojados en la nube virtual), Uría se erige como un intrépido paladín de la especie entera, armado con la más digna de las armas: la palabra.
Lo singular, y lo glorioso es que, para lograrlo, Uría no se enzarza en disquisiciones falsamente filosóficas en torno a grandes conceptos analizados en prolijos desarrollos (una de las trampas en los que todos podemos caer, en cuanto nos descuidamos), sino que lleva a cabo su tarea a partir de una experiencia concreta, ceñida al tiempo y al espacio, donde en principio pocos esperarían hallar todo lo que al final vamos a encontrar: en la contemplación de un ser humano… bailando.

En efecto, es en la danza, concretamente en el butoh (según la Wikipedia: “un abanico de técnicas de danza-teatro creadas en 1950 por Kazuo Ōno y Tatsumi Hijikata [que] visualmente es reconocido por el uso de movimientos erráticos y grotescos”) donde el autor va a centrarse para, en espiral, desplegar un suntuoso repertorio de reflexiones poéticas de alto impacto que, si se leen como se merecen, logran provocarnos una auténtica conmoción, incluso si nos sentimos familiarizados con sus postulados. (De hecho, no pocos de los fundamentos de la propuesta de Uría son herederos directos de los propuestos en su momento por el surrealismo, por Antonin Artaud o incluso por el posestructuralismo de Deleuze y Guattari). Y es que para Uría, la danza es “algo que va más allá ‒mucho más allá‒ del arte” (24); de hecho, él mismo la percibe como un trampolín hacia, voilà!… “la trascendencia”.

¿Qué clase de lección ‘trascendente’ puede brindarnos el contemplar a un individuo contorsionando su cuerpo? Pues la exigencia de “migrar a otra cosa, otro estado, una posibilidad múltiple; cambiar el sentido de lo que somos por la potencia de lo que podríamos ser” (16), en otra palabra: liberarnos del “comportamiento inercial” (51) -tan tentador e incluso, hasta cierto punto, inevitable: si respiramos es porque no lo pensamos- para recobrar aquello que nos caracteriza como entes superiores: “romper con la inercia” (61) significa negarnos a ‘dejarnos llevar’ por lo que creemos más nuestro, pero que en realidad es ajeno, para “vivir cada instante como “irrepetible” (53), “específico, total”, merced a una “conciencia extremada, brutal” (55). De este modo, el espectador sedente sufre una transmutación espiritual al contemplar al bailarín espasmódico, con quien se ‘identifica’ hasta el punto de ponerse a bailar él mismo… por dentro. Sí, la danza butoh, entendida no como espectáculo, sino como espejo existencial. Y lo mismo le ocurre al lector de este libro majestuoso: que acaba bailando con el autor, consigo mismo y con el universo entero.

La riqueza de este libro es tal, y su lectura tan estimulante, que me voy a abstener de proseguir con mi análisis, pues con él podría acabar abortando la necesaria frescura que Uría nos exige para revelarnos sus enseñanzas (pues, aunque no quiera, ejerce en sus páginas como un auténtico maestro de sabiduría, en el mejor y más noble de los sentidos). La danza de la oscuridad es un hito, no solo del aforismo contemporáneo, sino del pensamiento universal: en él, su autor nos confirma en nuestra indoblegable convicción de que la brevedad no solo no está reñida con la profundidad, sino que probablemente, es su arma favorita.

(Publicado en Culturamas)



José Luis Trullo (Barcelona, 1967). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Estudios de Doctorado en Filología Románica. Escritor, traductor, editor e investigador privado. Padre de Carmen.


LIBROS

-Sobre humanismo






- Sobre aforismo



- Creación



Remiúrgica (con Juan Manuel Uría)


Nunca se sabe (con Felix Trull)







- Antologías














TEXTOS






























Bonhomía: una virtud a rescatar








AFORISMO


-Teoría y crítica:







-Creación:
















Dar a luz. Aforismos sobre la mirada
























RESEÑAS A MIS LIBROS

Una lengua parca (Javier García Gibert)


Un monstruo incomprensible (Andrés Rodríguez)

Un monstruo incomprensible (Juan Manuel Uría)

Un monstruo incomprensible (José Luis García Martín)



Un monstruo incomprensible (José Luis Morante)

La estirpe de Sócrates (Enrique García-Máiquez)

La estirpe de Sócrates (Andrés Rodríguez)


Meandros. En torno a Heráclito (Demetrio Fernández Muñoz)

Remiúrgica (Elena Marqués)



Y de pronto, amanece (Florencio Luque)

La lección de Pulgarcito (José Luis Morante)

Líneas de flotación (Sergio García)


Líneas de flotación (Hiram Barrios)

Líneas de flotación (José Luis Morante)

Metas volantes (Juan Manuel Uría)



ENTREVISTAS


-Concedidas:

Entrevista en ABC

Entrevista en Turia

Entrevista en Ritmo

Entrevista en Humanistas

Entrevista en Culturamas

Entrevista en Puentes de Papel

Entrevista en 142

Entrevista en La Estantería (min. 9,43)


-Realizadas:

Entrevista a Jesús Montiel

Entrevista a Alfonso Lombana

Entrevista a Gonçal Mayos

Entrevista a Victoria Cirlot

Entrevista a Armando Pego

Entrevista a Luis Frayle Delgado

Entrevista a Javier García Gibert

Entrevista a Jesús Cotta


>>>ARTÍCULOS EN PRENSA ESCRITA (S. XX)


VÍDEOS Y AUDIOS


Conferencia sobre Petrarca en Sevilla

Conferencia sobre la lírica arcaica griega en Sevilla

Presentación en Jerez de Un monstruo incomprensible 

Presentación en La Carbonería de Lo entenderás más tarde 

Sócrates para jóvenes (IES Juan de Mairena, de Sevilla)

Sócrates para jóvenes (IES Velázquez, de Sevilla)

Inauguración del III Congreso Nacional de Humanistas (Facultad de Filosofía, US)

Los clásicos y el valor de lo común (Biblioteca Pública de Sevilla)

Cronología crítica del aforismo español (Universidad de Sevilla, 2024), min. 67 y ss.

La cultura del parricidio. La modernidad contra la tradición (Congreso Nacional de Humanistas, 2023)

Presentación de Jacinto Choza en Casa del Libro de Sevilla (2022)

Presentación de la lectura de aforismos en la Feria del Libro (2021)

Aforismos sobre el viaje (Feria del Libro de Sevilla, 2019)

A propósito del aforismo, con motivo de la Semana del Aforismo de Sevilla (2019)


FOTOGRAFÍA


Galería en Flickr




  

Pesca con palangre





No mucho tiempo después de haber reunido su poesía completa en Las horas

sucesivas, Manuel Neila nos propone una selección, realizada por él mismo, de

cien de sus poemas, bajo el sugestivo título de La llama y la ceniza. Interesante

propuesta dual: por un lado, la pesca con red, que arrambla con todo y mezcla

los grandes atunes con las humildes sardinas; por otro, la pesca con palangre,

que se cuida de seleccionar las piezas de manera escrupulosa... lo cual nos va

a permitir entender muchas cosas del pescador, claro. Si tuviera que elegir,

como lector raso (que es lo que soy), me decantaría por esta última; como

estudioso de la obra del autor, no cabe duda que por la primera.


¿Y qué imagen parece querernos transmitir el poeta Neila en esta antología

personal? Pues, tras su lectura, me quedan pocas dudas de que existe una

voluntad clara de proyectar, de su rica y variada producción lírica, un perfil más

o menos perceptible de su propia comprensión, ya no solo de la literatura, sino

de la vida misma, y del vínculo que necesariamente debe existir entre ambas. Y

ese perfil, a mi parecer, es el de un poeta elegíaco.


Grosso modo, más allá de las experiencias históricas que nacen y mueren en

sí mismas, sin mayor recorrido ulterior, existen en la poesía española (de todos

los tiempos) dos grandes corrientes: una hímnica, que canta lo que se tiene o

ya viene, y otra elegíaca, que parece deleitarse en lamentar lo que se marcha o

añorar lo ya se ha ido. Por atenernos a la lírica contemporánea, en las filas de

la primera figurarían, entre otros, nombres como los de Juan Ramón Jiménez,

Pedro Salinas, Jorge Guillén, Antonio Colinas, Eloy Sánchez Rosillo, Jesús

Montiel o Jesús Cotta; y en la segunda, en un lugar de honor, Luis Cernuda y,

tras su larguísima estela, una auténtica armada poética: el primer Valente, Juan

Luis Panero, Antonio Rivero Taravillo y, sin duda alguna, Manuel Neila, aunque

en su caso conveniente y afortunadamente tamizada por la benéfica influencia

de Antonio Machado, por un lado, y por el delicado laconismo de los poetas

orientales, en especial de los haijines japoneses. (Por supuesto, ni que decir

tiene que existen autores que navegan por ambas aguas, incluso entre ellas, y

que los que se decantan por una u otra lo hacen más por razones de carácter

que por mezquinos motivos estratégicos).


Para realizar esta afirmación, como no puede ser de otro modo, me baso en las

pruebas aportadas por el poeta: en sus versos. Por ejemplo, al preguntarse, en

el poema titulado El extravío, “qué queda de los días y las noches” el autor se

contesta a sí mismo en La pérdida: “solo queda / el dolor de la ausencia”; y en

El regreso remata: “sombras y cenizas a manos llenas”. En uno de los poemas

más desgarrados y quién sabe si confesionales de la colección, El transeúnte,

el poeta recapitula, a modo de inventario de pérdidas:


Tendí la mano al mundo

y no hallé más que sombras movedizas;

alcé la frente al cielo,

y no hallé más que sombras desoladas;

busqué luego en la sombra

y solo hallé memoria de la vida.


Para Manuel Neila, parece no haber consuelo posible: “Las cosas que quisimos

son fugaces, caedizas; se van yendo como oscuras barcazas en la noche”

(Música cautiva). Cuando lo hace, y si lo hace, la luz “que nos colma, / nos

consume... y dispersa las cenizas” (Umbral de luz). Le basta y sobra con mirar

enderredor para advertir que “lo que ayer fue jardín / hoy es yermo” (El regreso),

hasta el punto de que, más que por conquistas y adquisiciones, “el tiempo se

mide por olvidos” (Presencia amada). Analizada la vida del hombre con ojos

implacables, “existir es arder; / vivir, quemarse” (Aposentos del aire), y el fruto

de la vida parece ser sumamente magro, puesto que aquellos logros que un día

tuvimos por tales, “si un día existieron, ya no existen / sino como ficciones” (El

extravío, de nuevo): el balance de los días apenas pasa de la constatación de

un “declinar irremediable, / sin pausa, audible apenas” (Mediodía de verano).


Ahora bien, lejos está el poeta de postular que la suya es la única actitud lícita

ante la vida; así, afirma en uno de los aforismos incluidos en el libro: “El tiempo

fluye de igual manera para todos los hombres. Y cada hombre flota en el

tiempo de distinta manera” (Lejos y entre los árboles, I). En efecto, no está

escrito que el hecho de que aquello que vivimos nazca y muera con su realidad

material; para ser honestos, solo quien así lo cree (porque así decide creerlo)

está fatalmente condenado a asistir a un desfile de defunciones, puesto que la

propia naturaleza, aquella que se ve y se palpa, subsiste gracias al holocausto


de las sucesivas generaciones de individuos. Aun así, tenemos pleno derecho

a preguntarnos si a eso se reduce todo. El propio Neila lo hace al inquirirse en

Las ilusiones que pasan acerca de “cuánta presencia pervive en la ausencia”

(frente a su contraparte fatal: la de “cuánta ausencia perdura en la presencia”) y

resolver la ‘equis’ de un modo quizá inesperado, pero no por ello menos radical:

la de que “la certeza está en lo que no transcurre”.


¡Quién podía imaginarlo! Tras la constatación de que todo parece fluir, como

las aguas del río heraclitiano (a las que el poeta apela en varias ocasiones), la

epifanía de que el transcurso es... una “ilusión” (sic). Y es que, frente al “eterno

discurrir” del caudal, siempre es posible –basta con decidirlo así– atenerse al

eterno quedarse de su cauce: ¿no es verdad que, sin este, aquel sería física y

aun metafísicamente inviable? Es más, si asumimos, como declara de manera

insólitamente apodíctica Neila, que “en realidad, no hay límites / entre lo que se

va y lo que aparece” (Límites), tal vez haya todavía una manera de trascender

la perpetua cadencia de las muertes y avizorar alguna forma de subsistencia

más allá de la meramente sensorial. Desde esta perspectiva, ardua pero viable

–que aquí me abstendré de glosar, pero que el propio poeta parece intuir–, “lo

que una vez existió, eso perdura”, como escribió Novalis. No en vano declara

Neila que “inmerso en el discurso de vivir, la palabra convierte el tiempo en la

única eternidad posible: la eternidad del instante”. Es un primer paso. Más allá

de la fatal cadena de los nacimientos incesantes, se abre una oportunidad de

matizar la tesis de que “la vida huye a campo raso” (Cristopher Cauldwell en

tierra de nadie), y es brindarle un techo: el del sentido. Cuando una experiencia

accede al ámbito del significado, abandona para siempre la naturaleza bruta y

mortal para acceder a la trascendencia perdurable. Bien lo sabe quien escribe

versos; ¿no declaró Hölderlin que “lo que dura, lo fundan los poetas”? Para

quien no se permite otra esperanza de eternidad, aún le es lícito encontrarla en

la percepción y transcripción de cuantos instantes plenos de sentido sea capaz

de detectar en la voragine de los días: incluso de aquellos que se le antojaban

abocados al absurdo. Y es aquí donde el elegíaco debe rendir las armas para

tener que admitir que, aunque nuestro cuerpo sea polvo y en polvo se vuelva a

convertir, entretanto dispone de innumerables ocasiones para escapar, si así lo

quiere, de la macabra espiral y acceder, aunque sea virtualmente, al penúltimo

cielo.


Manuel Neila, La llama y la ceniza. Olifante, Zaragoza, 2026, 194 págs.


(Publicada en la edición impresa de la revista 142)

Presentación de la nueva edición de "La naturaleza del sabio", de J. G. Fichte

 




Ueber das Wesen des Gelehrten, und seine Erscheinungen im Gebiete der Freiheit, literalmente ‘Sobre la esencia del sabio, y sus manifestaciones en el ámbito de la libertad’, es una de las llamadas exposiciones ‘populares’ que pronunció, en forma de conferencias, el filosofo alemán Johann Gottlieb Fichte (17621814), junto con Los caracteres de la época contemporánea, El destino del sabio, la Exhortación a la vida bienaventurada o los célebres Discursos a la nación alemana. Se trata de obras dimanadas de una fundamentación filosófica acometida, principalmente, en su obra capital, la Doctrina de la ciencia, en sus sucesivas versiones y revisiones. En estas alocuciones, de tono enfático y vehemente, encontramos al filósofo enfundado en el papel de orador, polemista y pedagogo social, comprometido con su propia época y plenamente consciente de su responsilidad cívica. En este sentido, se podría hablar de una de los primeros ejemplos históricos de una figura que, con el tiempo, se convertiría en recurrente: la del intelectual.

La función que asume el filósofo en estas exposiciones es la de aldabonazo de una sociedad en plena transformación, desde un marco casi feudal hacia una modernidad aún incipiente, y que, aun cuando ha conocido e incluso protagonizado algunos de los más granados frutos de la Aufklärung (Ilustración), todavía permanace, en el contexto de la Europa de finales del siglo XVIII, en su periferia. Ahora bien, sus palabras no apelan al que podríamos calificar de “público en general”, que a la sazón apenas existía como tal (al menos, en los parámetros que manejamos hoy en día), sino a sus representantes más eminentes, desde una perspectiva social: a las personas formadas, instruidas, cultas, de las cuales se espera un papel activo en la mejora de la comunidad.

Si en El destino del sabio, lecciones pronunciadas en Jena en 1894, Fichte se dirigía a un auditorio compuesto, fundamentalmente, por estudiantes universitarios (el cual las acogió con un entusiasmo desbordante), en las de La naturaleza del sabio, expuestas en Erlangen en 1805, su perspectiva es más amplia, y su ambición, menos focalizada: ya no se limita a conminar a los jóvenes a asumir sus estudios como una vocación superior de servicio público, sino que ahora incluye en su análisis a todas aquellas instancias que, de un modo u otro, están llamadas a participar en la construcción y mejora de la comunidad, entre ellos, los propios gobernantes. Aunque la base conceptual que sustenta sus palabras es, obviamente, la misma, sí se percibe un pathos más acentuado, casi una desesperación ante la evidencia de que aquellos que deben sostener y elevar el nivel general de la sociedad, los “hombres de doctrina” –o “académicos” (gelehrten), mucho mejor que los “sabios” (weisen) –, pueden no estar a la altura de dicha envite. La naturaleza del sabio constituye un recordatorio de qué es lo que se espera, incluso qué se debe exigir a los detentores del conocimiento en una sociedad auténticamente desarrollada.

La idea de reeditar la traducción clásica de Eduardo Ovejero, publicada por primera vez en 1913, surge ante la constatación de que las circunstancias de nuestra sociedad, la España de 2026, no solo no son muy distintas de las que diseccionó en su momento Fichte, sino que, en muchos aspectos, han empeorado. La propia figura del “sabio” carece de ubicación en un mundo atosigado por la tecnología y la burocratización del saber. Ni siquiera cabe esperar ya nada de la universidad, degradada en una mera factoría de titulados, cuando no de comisarios de la ideología de turno. En este contexto de depauperación civilizatoria, la relectura de La naturaleza del sabio debe constituir, para un espíritu no completamente arrasado, una experiencia revitalizadora en lo que tiene, a partes iguales, de certero diagnóstico social y de intensísimo acicate personal. 

(Nota previa a la nueva edición del libro, publicada por Cypress Cultura, Sevilla, 2026)



José Luis Trullo (Barcelona, 1967). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Estudios de Doctorado en Filología Románica. Escritor, traductor, editor e investigador privado. Padre de Carmen.


LIBROS


-Sobre humanismo






- Sobre aforismo



- Creación



Remiúrgica (con Juan Manuel Uría)


Nunca se sabe (con Felix Trull)







- Antologías













TEXTOS





























Bonhomía: una virtud a rescatar








AFORISMO


-Teoría y crítica:







-Creación:
















Dar a luz. Aforismos sobre la mirada






















RESEÑAS A MIS LIBROS


Un monstruo incomprensible (Andrés Rodríguez)

Un monstruo incomprensible (Juan Manuel Uría)

Un monstruo incomprensible (José Luis García Martín)



Un monstruo incomprensible (José Luis Morante)

La estirpe de Sócrates (Enrique García-Máiquez)

La estirpe de Sócrates (Andrés Rodríguez)


Meandros. En torno a Heráclito (Demetrio Fernández Muñoz)

Remiúrgica (Elena Marqués)



Y de pronto, amanece (Florencio Luque)

La lección de Pulgarcito (José Luis Morante)

Líneas de flotación (Sergio García)


Líneas de flotación (Hiram Barrios)

Líneas de flotación (José Luis Morante)

Metas volantes (Juan Manuel Uría)



ENTREVISTAS


-Concedidas:

Entrevista en ABC

Entrevista en Turia

Entrevista en Ritmo

Entrevista en Humanistas

Entrevista en Culturamas

Entrevista en Puentes de Papel

Entrevista en 142

Entrevista en La Estantería (min. 9,43)


-Realizadas:

Entrevista a Jesús Montiel

Entrevista a Alfonso Lombana

Entrevista a Gonçal Mayos

Entrevista a Victoria Cirlot

Entrevista a Armando Pego

Entrevista a Luis Frayle Delgado

Entrevista a Javier García Gibert

Entrevista a Jesús Cotta


>>>ARTÍCULOS EN PRENSA ESCRITA (S. XX)


VÍDEOS Y AUDIOS


Conferencia sobre Petrarca en Sevilla

Conferencia sobre la lírica arcaica griega en Sevilla

Presentación en Jerez de Un monstruo incomprensible 

Presentación en La Carbonería de Lo entenderás más tarde 

Sócrates para jóvenes (IES Juan de Mairena, de Sevilla)

Sócrates para jóvenes (IES Velázquez, de Sevilla)

Inauguración del III Congreso Nacional de Humanistas (Facultad de Filosofía, US)

Los clásicos y el valor de lo común (Biblioteca Pública de Sevilla)

Cronología crítica del aforismo español (Universidad de Sevilla, 2024), min. 67 y ss.

La cultura del parricidio. La modernidad contra la tradición (Congreso Nacional de Humanistas, 2023)

Presentación de la lectura de aforismos en la Feria del Libro (2021)

Aforismos sobre el viaje (Feria del Libro de Sevilla, 2019)

A propósito del aforismo, con motivo de la Semana del Aforismo de Sevilla (2019)


FOTOGRAFÍA


Galería en Flickr